domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 2: Hace años, aquel día lluvioso

Siento el retraso, pero no es culpa mía, ha sido la batería del portátil... pero ya está solucionado, y por fin puedo publicar el segundo capítulo ^^. Aviso, de qué el tercero será... bufff... una explosión de sentimientos, por así decirlo, y este, el primer hola entre Katniss y Peeta. Aiiii que emoción... ;))


Capítulo 2: Hace años, un día lluvioso

Levanto la mirada y trago la bilis. Me arde la garganta, y la cabeza me da vueltas por culpa de esos ojos azules, pero sonrío al ver a Gale. Y tanto que se puede cambiar en dos meses.

Gale ya era guapo antes, de hecho varias chicas van detrás de él y se nota que lo desean, pero ahora… Su pelo castaño es precioso, perfecto, brillante, y ese nuevo corte no le queda nada mal. Es alto, aunque se podría ver desde el suelo el destello de sus ojos oliva. Además, tiene bastante músculo, pero para nada en exceso, más bien está delgado y en forma; como yo.

Corro a sus brazos. «Como he hecho con Madge», me repito «No es nada especial». Espero que él también piense así.
Llego y me aprieta, mientras reímos. Me eleva y empieza a dar vueltas, mientras yo me mareo y pataleo en el aire. Huele a naranjas y cuero, como siempre. Me resulta tan familiar y agradable… no lo soltaría nunca.
- Te he echado de menos -dice entre risas.
- Y yo -digo, con mi voz ahogada por su chaqueta.
Me deja en el suelo, pero no antes de que vea un destello rubio y azul sobre su hombro. Tarde. Gale empieza a hablarme, pero yo solo le sonrío a la nada y lo busco con la mirada. Busco esos ojos azules que me hipnotizan, como ahora mismo, y con razón.
- ¿Eh? A que sí -dice Gale. No atiendo.
No lo encuentro, por mucho que busco no… si pudiera zafarme de este brazo que… este brazo es de Gale, un Gale con el ceño fruncido.
- ¿Qué? -digo inocente, con un hilo de voz.
- Ya veo como me has echado de menos…
- ¡Sí te he echado de menos! -replico. Ahora soy yo la que frunzo el ceño.
- ¡Vale ya chicos! -dice Madge. Se pasa una mano por la frente y suspira- Es el primer día, y ya estáis discutiendo como hermanos.
- Somos como hermanos -digo yo rápida. Esa ha sido buena.
- No tanto -dice Gale. ¿Qué? ¿Cómo?
- Claro que sí -por favor, di que sí… No contesta, sólo menea la cabeza ¿eso qué significa?
Localizo un destello azul detrás de un abrigo negro, el abrigo de Delly Cartwright. Es rechoncha, y rubia, aunque sus ojos no son azules sino de un color entre el marrón y el naranja. Esa chica es un cielo. Un cielo, que puede ser mi excusa.
- Voy un momento a saludar, ahora vuelvo -digo rápidamente.
No les da tiempo a replicar, porque yo ya estoy luchando contra la marea de alumnos abrigados hasta los topes que ocupan, como la gran masa uniforme que son, toda la calle.
- Paso… lo siento… cuidado… -voy diciendo a cualquiera que empuje para conseguir pasar.
Llego hasta Delly.
- Hola Delly -digo, antes de que se gire y vea que hablaba con alguien. «Muy bien, Katniss, muy educada». Entonces lo veo.
- ¡Ahh, hola Katniss! -dice, súper alegre, mientras yo me quedo como una estatua. Me da un fuerte abrazo-. Uy, que mal educada soy, este es Peeta, Peeta Mellark -dice con una sonrisa, abriendo un pasillo entre nosotros dos con su mano, señalándole. Esos ojos azules me miran. Su rostro vuelve a estar tenso ¿Es por qué no le di las gracias por aquello? Debería haberlo hecho, pero nunca era el momento adecuado, o no me lo parecía. Siempre estaba con alguno de sus amigos, o… ¡simplemente no era el momento! ¿Por eso me lanza a veces miradas furtivas en el patio? Cuando nuestros ojos se encuentran, los dos apartamos la mirada segundos después, avergonzados.
Pero ahora no aparta la mirada. Solo me tiende la mano. Yo la miro, como si fuera a morderme. ¿Por qué? No lo sé. Me he imaginado este momento cientos de veces. Ahora me parece otro sueño más, que se esfumará, y en un segundo abriré los ojos, tumbada en mi cama, con Atlas sonando a través de los auriculares. Estaré de nuevo en casa. Pero de momento, sigue ahí, tan cerca como aquella vez…
Parpadeo y la estrecho, con una sonrisa, como si no lo conociera; como si no pensara todas las noches en el porqué de lo que hizo.
Su mano es cálida y consistente, como las hogazas de pan que hornea para su padre. Su familia tiene una panadería-pastelería en una calle del centro del pueblo, en la plaza.
Me mira a los ojos y me aprieta la mano, como para darme ánimos, aunque quizá no sea más que un espasmo nervioso. ¿Por qué debería darme ánimos? ¿Sería una muestra de afecto?
- Katniss Everdeen -digo con un hilo de voz. No, no quiero que le pase lo que pasó con Gale. Me presenté de una forma tan tímida y susurrante, que entendió Catnip, como la menta de gato, en vez de Katniss, como la saeta de agua. Mi madre es farmacéutica (también enfermera), y conoce todas y cada una de las plantas que crecen por aquí, y más allá. Por eso mi nombre y el de Prim, Prímula, la florecilla que crece alegre; tengo una maceta en mi ventana.
- Encantado, Katniss -dice, con una sonrisa. Pues sí se sabe mi nombre.
Abren las puertas del instituto.
- ¿Nos acompañas? -dice Delly con brillo en sus ojos. Ella es muy simpática, afable, buena, dulce, pero… ¿tanto me quiere?
Echo una mirada atrás y puedo ver que Gale y Madge hablan animadamente, así que creo que no me echarán de menos media hora.
Peeta sonríe. Bueno, al menos no demuestra su desprecio hacia mí con esa expresión de tensión, como cada vez que me ve. Me muestra su estupenda sonrisa, con esos blancos y perfectos dientes, asomando sobre sus finos labios. Es de hombros anchos, por llevar las bandejas cargadas de pan en el horno, y eso también hace que sea bastante musculoso. Su pelo es tan rubio como el de mi madre, Prim, Madge y Delly; incluso más.
En esta zona hay dos tipos de personas según el físico; la gente rubia, de ojos azules y pálida, o, la gente de piel aceitunada, con ojos grises y cabello castaño oscuro. Prim es de las primeras, y yo, color miel de cabello, piel clara y ojos grises… una mezcla entre mi padre y mi madre; algo anormal aquí. Soy única, como el sinsajo; mestiza.
- Claro -digo, alentada por la nueva sonrisa de Peeta.
Caminamos entre la gente, yo detrás de Peeta, pegada a su espalda por culpa del espacio reducido. O eso intento pensar. La verdad, es que Delly tampoco me deja mucho margen, así que me toca tener la nariz a dos centímetros de su espalda. Huele… a pan recién hecho y algo… no sé qué es ese algo, pero es de él. Su aroma.
- Vale -dice Peeta, girando-, yo tengo que ir a Secretaría, por el horario.
- Pues, de paso, podrías cogerme uno a mí. Si quieres -dice Delly. Esta Delly, siempre tan buena…
Ya sabía que van a la misma clase. Van al mismo curso que yo, y puede que compartamos alguna que otra clase suelta, pero no a todas, como ellos.
- Yo también tengo que ir a secretaria a por el mío -pienso en voz alta.
- Pues -dice Peeta en voz baja-, podemos ir juntos -¡Dios! Si no le gusto, si siente un tremendo rencor hacia mí, si me odia… ¡Que no diga de ir juntos! O, al menos, que disimule lo mala persona que le parezco en el tono de voz. Y lo que realmente me duele, es que a mí sí me gustaría ir con él.
- Sí -añado yo, con el mismo entusiasmo que él.
- Perfecto -dice Delly, con una de sus tremendas sonrisas-. Luego nos vemos Katniss -y me da un beso y un abrazo. Después se despide de Peeta y empieza a alejarse por el lado oeste de la marea humana.
Empezamos a caminar, sin dirigirnos la palabra. Mi brazo roza el suyo, y reprimo las ganas de dar otro pasito para que nuestras caderas se toquen también.
Ahora me siento mal. Vale, me salvó aquella vez...
La lluvia cae con más fuerza, haciendo que hunda mis bailarinas en el barro al correr. El chico más grande me agarra por el brazo, y sus dedos se hunden en mi piel, seguramente dejando marcas de recuerdo para después.
- Vamos, ¿por qué no quieres pasarlo bien conmigo? -su aliento es agrio. Me estampa contra la pared de un edificio bastante descuidado, y suelto un grito por el impacto.
- Suéltame -digo con voz de hierro, tirando inútilmente de mi brazo.
En realidad siento miedo, a parte del obvio asco hacia su persona. Lo que más miedo me da aún, son las pocas posibilidades que tengo de salir de aquí bien parada. Yo, una niña de once años, vestida con su mallot de ballet bajo su abrigo (acabo de salir de clase de ballet, y voy hacia casa), contra dos niños de trece, bastante grandes. Tampoco sé lo que ven en mí, no tengo pinta de querer divertirme con ellos un rato.
- Venga, bailarina, ¿te queda bien ese vestido? -dice el otro, deshaciendo el nudo del cinturón de la gabardina negra.
- ¡Para! -grito yo con voz aguda, dándole un manotazo a su antebrazo. De nuevo, inútilmente.
- Veamos… -dice el primero, abriendo poco a poco el abrigo, con las puntas de los dedos, delicadamente, no como hasta ahora.
Cierro los ojos, aprieto los dientes, y suelto un grito ahogado cuando noto su piel tocando la falda del vestido, y mi muslo izquierdo poco después.
Su mano se aparta, como si algo lo arrancara de mi lado, y oigo pasos desacompasados sobre el barro, chapoteando bajo las suelas de los zapatos.
Abro los ojos en un instante.
El más grande de los dos le pega un puñetazo al chico rubio, que la devuelve con fuerza. Me suena, creo… sí, lo he visto; le conozco. Peeta Mellark. Siempre consigue una buena clasificación en los combates de lucha libre del colegio, por detrás de su hermano, en el segundo puesto. Creo que su padre tiene un horno o algo así, en la plaza.
Siguen peleando unos minutos, que se me hacen eternos, mientras animo mentalmente al chico rubio. Mi salvador.
El chico más pequeño de los otros dos se va, abandonando a su suerte al más grande. Normal, no creerá que vale la pena llevarse un solo golpe por mí, una chica pequeña y delgaducha. Además, Peeta los da en puntos estratégicos, con una fuerza que no es comparable a la mía, y poco tiene que envidiar a la de un chico dos o tres años mayor.
- Vale -dice el otro, respirando forzosamente, e interponiendo sus manos entre los dos-, vale, toda tuya -escupe, y la sangre que derrama su labio se mezcla con el barro y el agua de lluvia-. No merece la pena -acaba, lazándome una mirada cargada de odio, y arrastrando sus pies, que se hunden en el lodo. Si ya lo decía yo.
Me quedo en el sitio, helada.
Mil pensamientos revolotean en mi cabeza, pero solo uno se hace notar. Peeta Mellark, me ha salvado.
Peeta se acerca, mientras dirijo mi mirada por el barro, nerviosa, hasta que encuentro un extraño diente de león, que no encaja entre lodo y malas hierbas.
Levanto la mirada y veo sus ojos azules. Después me fijo en el moratón que le adorna la mandíbula, resaltando el resto de su pálida piel, y en lo rojos que tiene los nudillos; sangre. Sus hombros están hundidos, calados por el agua. En realidad, yo también estoy empapada.
El pelo se me pega a la cara, mi boca está entreabierta, y tener el abrigo abierto no ayuda a retener el poco calor que me quedaba.
Peeta llega hasta mí. Vuelvo a anudar el cinturón de la gabardina negra, y lo miro con mis ojos grises.
- ¿Estás bien? -dice su cálida voz. A pesar de todo, me recorre una sensación de bienestar y calor al escucharla, y mirar sus ojos… no puedo compararlo con nada más.
- Gra… gra… -lo digo tan bajito, que ni yo misma me escucho; ni siquiera he movido los labios.
- Mejor ve a casa -añade, al ver que no respondo.
Asiento y, tras echarle una mirada significativa, que le transmite todo lo que siento y no he podido decirle, empiezo a caminar; él también.

… pero no tiene derecho a comportarse así conmigo porque sea tímida. Por eso mi corazón está partido en dos. Este chico me inspira ternura, confianza, cariño, calidez… pero luego su comportamiento tipo témpano de hielo, no me hace sentir muy cómoda que digamos. También me reconcome culpa. Quiero ser su amiga, o algo parecido, al menos conocerle, y… ¿y si esto es culpa mía? Seguro. Fui yo la que no pudo pronunciar un simple ‘Gracias’. ¿Tanto costaba? En mi defensa, estaba muerta de miedo, hambre y frío. Eso tiene que influir ¿no?
- Vas a segundo de bachiller, ¿no? -dice Peeta, mientras abre la puerta de Secretaria.
- Ssí -por Dios, Katniss, relájate-, con Gale Hawthorne y Madge Undersee -añado, aclarando mi voz.
Peeta abre la boca para decir algo, con el rostro tenso de nuevo (que raro ¿no?), pero una señora, delgada,subida a unos tacones de diez centímetros, muy maquillada y con una chapita en la que pone “Effie Trinket”, se apoya al otro lado de la ventanilla de Secretaria e interrumpe.
- ¿Queríais algo? -dice con su chillona voz.
- Eh, sí -dice Peeta, al ver que yo no contestaba y le miraba a él. Mientras tanto, me muero de vergüenza-. Venimos a por los horarios.
- ¿No vais al mismo curso?
- Sí -digo yo, para no parecer un avox-, pero no a la misma clase.
- Ya sabía yo que teníais la misma edad -arquea una ceja-, tengo mucho ojo -la ceja vuelve a su sitio-. Debe ser difícil no estar en la misma clase juntos. Pero bueno, ahora el sistema ha cambiado, y os gustará. Depende de la selección que hicisteis el año pasado, este año, todo el curso irá junto, pero no tendrá las mismas clases -no he escuchado nada, sigo dándole vueltas al ‘Debe ser difícil no estar en la misma clase juntos’-. Por ejemplo, podéis ir a clase de lengua con otros chicos que también la hayan elegido, mientras los demás van a Física o Matemáticas.
- ¿Perdón?
- Ya he dicho que tengo mucho ojo ¿no? -como seguimos sin entenderlo, mira a Peeta y dice- Sin tu chica -y guiña un ojo.
Me ruborizo hasta límites insospechados, mientras intento descifrar la expresión de Peeta.
-Lo siento, se ha equivocado -dice en voz baja.
- Sí -digo yo, fría.
- Bueno, todavía es pronto para decirlo. Ya he dicho que tengo buen ojo. Emmm -empieza a tamborilear con sus veinte recargadas uñas de colores el mostrador de mármol-, voy a por los horarios. ¿Nombres?
- Katniss Everdeen.
-Muy bien, Katniss Everdeen, en -empieza a teclear bajo el mostrador, en lo que supongo, será un ordenador-… el curso de segundo de bachiller.
- Sí -digo, de una forma inaudible.
- Y…
- Peeta Mellark, y también Delly Cartwright.
Repite el proceso.
- De acuerdo, ahora mismo se imprimen. El horario es algo muy importante, siempre hay que ser puntual -dice, de una forma muy seria.
Oigo el pitido de la impresora, se retira y la pierdo de vista.
Su chica. No creo que eso pase, sobre todo por el simple hecho de que Peeta Mellark me quiere matar, o lo haría si pudiera.

6 comentarios:

  1. Ooooohh QUE PRECIOSIDAD. Un capítulo genial genial genial. ME he enamorado (por enésima vez de Peeta) jajaja Cómo Peeta la salvo, eso fue el gran punto final para mi reenamoramiento jajja (estoy loca, lo sé) Espero que sbas ese tercer capítulo lleno de sentimientos muy pronto porque si no me va a dar algo :)
    Besooos

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    1. A mi me enamora que a ti te enamore <3<3<3 jajajaja. Lo admito, yo también amo a Peeta ^^. En serio, muchas gracias por los ánimos y espero que el rercer capi te guste tanto como este :-D

      BESOOOOOOOS ;))

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  2. me ha encantado este capitulo hasta ahora es uno de mis favoritos

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    1. Gracias!! Intenté adaptar el "encuentro" y... creo que quedó bien, pero tu me lohas asegurado ;P

      BESOS ;))

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    2. si quedo bien, además me gusto como fue que aun así cada personaje conservo la esencia que los caracteriza.
      Ahora amo mas a Peeta !!!!

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Espero que os guste la historia y comenteis sobre ella o cualquier cosita del blog, pero siempre con respeto, es decir; sin insultar y criticar severamente.
Gracias por comentar y leer el blog ^^